El debate que transformará el mercado mexicano
La propuesta de reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas ha encendido un debate crucial entre gobierno, empresarios y sindicatos. El gobierno sostiene que 40 horas es la media en las 20 economías más relevantes del mundo, mientras que el sector privado enfrenta una realidad que ya comenzó a cambiar, incluso sin la aprobación formal de la reforma.
La propuesta busca incorporar trabajadores informales, disminuir costos en salud pública y, sobre todo, incrementar la productividad. Este último punto debería ser el eje de nuestra respuesta como entorno corporativo.
La realidad invisible: ¿a dónde se van nuestras 48 hrs?
En el sector empresarial, todavía podemos fortalecer nuestra respuesta en torno al único factor que sí controlamos: la productividad. En las mesas de trabajo, cada industria explicó sus necesidades —horarios extendidos, producción continua, servicios 24/7—, pero todas compartieron un mismo problema: la falta de visibilidad acerca del uso real del tiempo laboral.
No se trata de cuántas horas trabajamos, sino de qué hacemos con ellas. ¿Cuántas se pierden en tiempos muertos, retrabajos, paros no planeados o traslados innecesarios? ¿Cuántas cuadrillas operan incompletas por deserciones, accidentes, ausentismo o sobrecarga de actividades?

La crisis de la productividad ya está aquí
En 2023, el economista Dani Rodrik advirtió sobre el decrecimiento de la productividad en México. Esto no solo afecta nuestra competitividad internacional, agrava el desafío de adaptarnos a jornadas más cortas sin perder eficiencia.
Hacer visible lo invisible
Aunque muchas organizaciones consideran que ya tienen procesos automatizados, en la práctica aún dependen de cientos de archivos Excel y flujos manuales que limitan la eficiencia. Esta falta de orden y visibilidad genera un costo oculto que pocas compañías han cuantificado. La mayoría no sabe cómo se distribuyen las horas laborales: cuánto se dedica a tareas productivas, cuánto se pierde en tiempos muertos o periodos extra mal asignados. Es como intentar reducir gastos sin centros de costo.
Para enfrentar este reto, InfoBlock ha desarrollado un ecosistema tecnológico que parte del registro certificado del colaborador —mediante tecnología validada por la NOM-048— y permite configurar reglas automáticas según la operación, los contratos colectivos y las particularidades de cada sector. Así, los eventos de la jornada se registran con trazabilidad, legalidad y precisión. Esta solución ha acompañado la transformación operativa de empresas como Cemex, Farmacias del Ahorro, Siemens, AB InBev, Grupo Bachoco, Grupo México, Mobility ADO, Liverpool, Sanfer y Cinemex.
Esta base agiliza la obtención de diagnósticos claros: identificar excesos de horas triples, detectar sobrecargas operativas, ubicar posiciones críticas y corregir asignaciones. Cuando predominan las horas triples sobre las dobles, suele haber desajustes que elevan costos innecesarios.
Y al medir dónde ocurre el trabajo, se revela el costo real por proceso, integrando métricas laborales con operativas. Esto permite tomar decisiones informadas y sostenibles para mejorar la productividad.
Lecciones internacionales
España resolvió este debate desde su raíz: toda empresa está obligada a contar con una administración del tiempo auditable por las autoridades. Colombia, por su parte, ya pasó de 48 a 46 horas semanales, logrando buenos resultados gracias a sistemas de gestión avanzados y rediseño de procesos.

Más que cumplir: transparencia en la compensación
Implementar estos sistemas, además de mejorar la operación, garantiza el pago correcto, algo clave para retener talento en un mercado más competitivo.
Cada hora trabajada debe ser registrada, valorada y compensada de forma transparente. Esto reduce discrepancias, mejora la confianza y deja claro al colaborador que la duración de su jornada sí cuenta.
Cuando los datos reemplazan la intuición, las decisiones se vuelven estratégicas. Si el empleado sabe que su tiempo será medido y pagado correctamente, su compromiso y productividad aumentan. El ahorro de costos viene como consecuencia natural, no como objetivo inicial.

Conclusión: el futuro se mide
La máxima empresarial permanece: lo que no se mide, no se puede mejorar. La reducción de la jornada laboral no es una amenaza; más bien, representa una oportunidad para repensar cómo gestionamos el capital humano.
Con procedimientos confiables, las empresas pueden medir mejor, actuar con precisión y adaptarse más rápido. Las autoridades también podrán auditar de forma objetiva.
El futuro ya está en marcha. Las organizaciones que adopten estos sistemas no solo cumplirán con la nueva normativa: descubrirán eficiencias que transformarán su competitividad. La pregunta no es si debemos adaptarnos a las 40 horas, sino cómo convertir este cambio en nuestra mejor ventaja.