Existe un abismo entre la jornada de 40 horas y la realidad de 70 horas en las fábricas

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Tomás Kachadourian
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Tomás Kachadourian advierte que en fábricas se laboran 70 horas pese a la ley de 40 horas. La brecha surge por bajos sueldos y falta de personal. La reforma exige registros electrónicos para asegurar pagos justos y elevar la productividad hacia 2030.


Mientras el marco legal avanza hacia una reducción histórica de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales, la realidad operativa en los centros de producción cuenta una historia radicalmente distinta. En entrevista para Mi Bolsillo, Tomás Kachadourian, director de Inteligencia de Negocio en InfoBlock, destaca que existe una disparidad profunda entre los datos oficiales y lo que sucede día a día en las líneas de producción de las empresas en México.

A pesar de que las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) indican que aproximadamente 13.4 millones superan las 58 horas, Kachadourian advierte que estas mediciones podrían estar subestimando la verdadera carga laboral en el sector industrial.

“La realidad operativa es que me toca ver jornadas de 70 horas semanales”, afirmó el especialista, señalando que este fenómeno se presenta tanto en micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMes) como en grandes corporaciones.

El origen del exceso: entre la escasez y la necesidad

Este “abismo” entre la ley y la práctica no es accidental. De acuerdo con el análisis de InfoBlock, el uso excesivo de tiempo extra en las fábricas responde a dos factores críticos. Por un lado, existe una aguda escasez de mano de obra calificada; las empresas no encuentran suficiente personal técnico para cubrir las posiciones necesarias, lo que obliga a extender los turnos de los trabajadores actuales.

Por otro lado, el factor económico juega un papel determinante para el colaborador. En un entorno donde México se mantiene como uno de los países con los salarios más bajos del OCDE —con un promedio anual de apenas 20,423 dólares frente a los más de 94,000 de Luxemburgo—, las horas extras se convierte en una estrategia de supervivencia financiera.

“En un día de horas triples puedes llegar a ganar casi lo mismo que en toda tu semana”, explicó Kachadourian, lo que incentiva a los trabajadores a aceptar jornadas extenuantes para compensar sus ingresos básicos.

El reto de la precisión en el registro

La implementación de la jornada de 40 horas, que se llevará a cabo de forma gradual reduciendo dos horas por año a partir de 2027 hasta concluir en 2030, añade una capa de complejidad técnica para las organizaciones. El desafío principal no es solo la reducción del tiempo, sino la trazabilidad y calidad de la información generada por los sistemas de asistencia.

InfoBlock destaca que, aunque el 95% de las grandes empresas mexicanas ya cuentan con mecanismos electrónicos de registro, muchas enfrentan inconsistencias graves derivadas de cambios de turno repentinos, incidencias operativas y cálculos manuales de tiempo extra.

Esta falta de precisión es costosa: se estima que los errores en el pago de tiempo extra representan entre el 1% y el 2% del valor total de la nómina de una empresa.

Productividad: el eslabón perdido

La brecha de las 70 horas también pone de relieve un problema estructural de competitividad. México es el país de la OCDE donde más horas se trabajan al año, con un promedio de 2,308 horas, superando por mucho a naciones como Alemania (1,294 horas) o Noruega (1,388 horas).

Sin embargo, este exceso de tiempo no se traduce en riqueza; el país produce apenas 25 dólares por hora trabajada.

Kachadourian plantea que la reforma de las 40 horas es una oportunidad para que las empresas dejen de ver la mano de obra únicamente como un gasto barato y comiencen a valorar la eficiencia.

“Es una oportunidad para que realmente se empiece a medir y a valorar mucho más el tiempo del trabajo de las personas”, subrayó el directivo, enfatizando que la digitalización de los registros permitirá a los colaboradores tener mayor transparencia sobre su propio tiempo trabajado y asegurar que cada minuto adicional sea remunerado conforme a la ley.

Un cambio de paradigma para 2030

Con la nueva legislación, el umbral para el pago de horas extras se desplazará. Para el año 2030, las horas extraordinarias comenzarán a contarse a partir de la hora 41, y no de las 49 como ocurre actualmente.

Esto significa que un trabajador que hoy labora 48 horas bajo un salario ordinario, en 2030 recibirá un pago de 8 horas extra por ese mismo tiempo.

El éxito de esta transición dependerá de la capacidad de las empresas para cerrar el abismo operativo detectado por InfoBlock. La adopción de tecnologías de registro que garanticen datos consistentes y verificables será fundamental para evitar que la presión por cumplir la ley termine precarizando o invisibilizando el trabajo que hoy, en muchas fábricas del país, sigue extendiéndose hasta las 70 horas semanales.


Este artículo fue publicado en la página web Mi Bolsillo por Kenia Lizbeth Chávez García.

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